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· Lc 11, 15-26

El mejor vigilante para la puerta del corazón

Así como el vigilante cuida la puerta y saca a los que hacen daño, Dios, el fuerte, cuida nuestro corazón cuando oramos.

Acuarela de un vigilante con manto y bastón que custodia, al atardecer, la puerta iluminada de un pequeño palacio de piedra.
Ilustración en acuarela creada con inteligencia artificial.

Hermanos, yo entré al seminario muy joven, a los 16 años, la edad más temprana a la que se podía entrar en mi tiempo. Estaba muy chiquito, y le doy gracias a Dios por eso, porque me la pasé súper bien. Además, vengo de una familia bastante conservadora; mi mamá nos cuidaba mucho. Todo esto para decirles que yo nunca en mi vida he ido a una discoteca. Pero por las redes, por internet, he visto algo que me parece interesante.

¿Ustedes saben quién está en la puerta de las discotecas? A lo mejor no lo saben, porque no han ido a ninguna. En la puerta siempre ponen a un vigilante, y suele ser un señor muy grandote y muy fuerte. Está allí para no dejar pasar a gente peligrosa o que pueda hacer daño. Y si adentro hay gente alborotadora, el señor fuerte entra, los agarra y los saca.

¿Por qué les cuento esto? Porque hoy, orando con la Palabra que el Señor nos regala, me llamó la atención el versículo 21 del capítulo 11:

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros (Lc 11, 21).

Empecé a repetir esta palabra y a meditar con ella, y me detuve sobre todo en la palabra fuerte, que en griego se dice ischyrós. Y me preguntaba: ¿quién es ese hombre fuerte, y cuál es el palacio que guarda?

En la Sagrada Escritura, el fuerte es siempre Dios. Él es el Dios fuerte, el Dios santo, el Dios que defiende a su pueblo. Entonces, si Dios es el fuerte que cuida el palacio, el palacio que tiene que cuidar es el de mi corazón. Solo si Dios está en la puerta de mi corazón cuidándolo, no va a entrar nadie a hacer daño: no va a entrar el pecado, ni el odio, ni el rencor; en fin, no va a entrar el demonio a hacer desastre.

Por eso tengo que contratar al mejor vigilante para la puerta de mi corazón, y ese vigilante es Dios. ¿Y cómo lo contrato? Con la oración.

Quien ora continuamente, quien medita la Palabra, quien se acerca al Señor, hace que el Dios fuerte esté en su corazón cuidándolo. Y si él cuida tu corazón, nadie va a entrar a hacer desastre. Y si alguien entra, el Señor lo va a sacar, como buen vigilante que es. Amén.

Pbro. Rafael VillalobosPárroco de Santa Lucía

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