· Lc 11, 1-4
Señor, enséñanos a orar
No se puede ser cristiano sin oración. Un método sencillo con el Evangelio del día y cuatro actitudes sin las cuales la oración no funciona.
Hermanos, bendecimos al Señor que esta tarde nos regala una palabra que nos ayuda y nos alimenta. Me llama la atención el versículo 1 del capítulo 11 de san Lucas, cuando los apóstoles le dicen a Jesús:
Señor, enséñanos a orar (Lc 11, 1).
Hay que tener clara una cosa: no se puede llegar a ser santo sin oración, no se puede ir al cielo sin oración, no se puede ser cristiano sin oración. Quien está en la Iglesia y no ora está perdiendo el tiempo. Podrá hacer muchísimas cosas, obras de caridad, fiestas, retiros, lo que quiera, pero el cristiano que no ora no está en comunión con Dios. Los apóstoles lo entendieron al ver que Jesús oraba continuamente, y por eso le hacen esa petición.
Puede ser que queramos orar y no sepamos cómo. La oración no es una técnica, y el cómo no es lo más importante; pero a veces un método ayuda, y les doy el mío. Cada día tomo el Evangelio del día y lo voy leyendo poquito a poquito. Si siento que el Señor me habla en alguna frase, por ejemplo en «Señor, enséñanos a orar», me detengo ahí, comienzo un diálogo con Él y le pregunto en mi corazón qué me quiere decir. Cuando siento que ese diálogo se ha detenido, sigo leyendo tranquilamente. «Padre, ¿y si llego al final del Evangelio?». Vuelve a comenzar. Lo importante es darle al Señor ese tiempo. Pero hay que recordar que la oración es un regalo que Dios da.
Más importante que el cómo es tener cuatro actitudes fundamentales; sin ellas la oración no funciona. La primera es la fe, en tres cosas. Primero, en que cuando te pones a orar Dios siempre está presente. Por eso dice el Evangelio que cuando vayas a orar cierres la puerta, y tu Padre, que está en lo secreto, te escucha (Mt 6, 6). Mucha gente me dice: «Padre, yo rezo y rezo, y siento que Dios no me escucha». Hermano, hermana: Dios siempre escucha. Segundo, en que orar no depende de ti, depende de Dios, que te da el don de la oración. Por eso hay que pedirle continuamente, como los apóstoles: «Señor, enséñame a orar». Tercero, en que la oración es poderosa. Hace un tiempo escuché a un hombre en Instagram decir una frase que me encantó: los únicos que creen que la oración no sirve son los que no oran. ¿Tienes un problema? Ora. ¿Tienes una preocupación, una situación difícil? Ora, y el Señor te va a responder.
La segunda actitud es la perseverancia. No sirve orar de vez en cuando, ni cuando te provoca, ni cuando te sientes bien. Hay que orar todos los días.
La tercera: no vas a orar porque te sientes bonito. «Ay, no, a mí me gusta mucho orar porque cuando oro me siento bien». No, hermanos. Muchísimas veces, cuando vayas a orar, no vas a sentir nada. No oras por ti; oras porque el Señor está contento de que ores. Por eso dice Jesús en el Evangelio que es necesario orar siempre (Lc 18, 1).
La cuarta: la oración tiene que ser humilde. El humilde es el que viene delante del Señor y le dice: «Señor, yo no puedo con la vida, no puedo con los estudios, no puedo con mi familia, no puedo con mis problemas. Ayúdame». Y el Señor, al ver que le pides ayuda, viene y hace milagros. El que es humilde reza; el que no es humilde no reza, porque cree que él solo va a resolver sus problemas. Hermanos, nuestros problemas no se pueden resolver de verdad ni profundamente sin la ayuda de Dios.
Pbro. Rafael VillalobosPárroco de Santa Lucía