· Mt 22, 1-14
El Señor arrancará el velo
El velo de la novia, el del luto y el de Moisés me ayudan a entender la promesa de Isaías: Dios quitará el velo que nos cubre.
Hermanos, como cada domingo, Dios nos regala una Palabra que es un banquete sobreabundante. Hay tanto que pudiésemos meditar, y a veces basta una sola palabra para que nos toque el corazón.
Miren: en una iglesia las mujeres se tapan la cara generalmente solo en dos ocasiones. Si ves a una mujer vestida de blanco con un velo blanco sobre la cara, sabes que estás en una boda. La novia se prepara muy bien, se pone totalmente hermosa, pero se cubre con un velo para que, en el momento justo, el novio se lo quite y pueda ver la belleza de esa novia que se ha preparado para él. El velo blanco significa alegría, significa espera. Pero si ves a una mujer vestida de negro con un velo negro, probablemente estás en un funeral. Ella se tapa la cara para que no vean sus lágrimas, y para que la gente se dé cuenta de que en ese momento está sufriendo.
De la Palabra de hoy me llamaron la atención los versículos de la profecía de Isaías que hablan de un banquete. Allí dice que el Señor arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos (Is 25, 7). Velo, en hebreo, se dice lot. Me puse a buscar en la Escritura qué simboliza esa palabra, y me encontré con el segundo libro de Samuel. El rey David tenía un hijo, el príncipe Absalón, que era muy malo y quería quitarle el trono. Cuando Absalón muere, el rey, siendo papá, en lugar de alegrarse se entristece y sale gritando: «¡Absalón, hijo mío! ¡Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar!» (2 Sam 19, 1). Y se cubre la cara con un velo (2 Sam 19, 5), para que su pueblo vea el dolor que siente. Ahí el velo es signo del dolor.
Pero si nos vamos al capítulo 34 del Éxodo, encontramos algo totalmente distinto. Moisés sube al monte a hablar con Dios, y su rostro se vuelve tan resplandeciente, tan santo, que cuando baja el pueblo tiene miedo, porque su cara literalmente brilla. Por eso tiene que ponerse un velo para tapar la luz de Dios que le inunda el rostro (Ex 34, 29-35). Aquí el velo significa gloria: hay algo maravilloso escondido que todavía no se puede ver.
Y esto nos lleva al Evangelio de Mateo, al momento de la muerte del Señor en la cruz. Cuando Jesús muere, el velo del templo se rasga de arriba abajo (Mt 27, 50-51). Dios rompe el velo, porque la muerte de Jesucristo nos abre el camino al verdadero banquete, a la verdadera boda, la que anuncia el Apocalipsis: las bodas del Cordero (Ap 19, 7-9). Es el momento de la alegría y de la paz.
Este mensaje nos tiene que llenar de esperanza. Al final de la historia llegará el momento en que el Señor te arranque el velo, es decir, te quite el dolor. Todos venimos aquí con un velo sobre el corazón: el velo de nuestras lágrimas, de nuestros dolores, de nuestros pecados, de aquello que no queremos mostrar. Y el Señor te dice que, cuando llegue el tiempo, te arrancará ese velo para enjugar toda lágrima (Is 25, 8) y para que seas totalmente feliz.
Pero no solo te quitará el velo del dolor. El Señor ha hecho maravillas y milagros en tu vida, y lo seguirá haciendo; ya el hecho de que estés vivo es un milagro. Sin embargo, el pasar de los días nos hace olvidar y nos deja velada toda la maravilla que Él ha hecho en nosotros. En el cielo también ese velo será arrancado, y podremos ver la gran belleza de lo que el Señor ha hecho con nosotros.
Por eso el fin de los tiempos aparece como una boda. Cuando se celebre la gran boda de Dios con su pueblo, veremos cómo el novio le quita el velo a su novia, que es la Iglesia, y nos alegraremos todos, porque estaremos en el banquete del Reino, donde seremos felices por los siglos de los siglos.
Pbro. Rafael VillalobosPárroco de Santa Lucía