"Subiré al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud" (Salmo 43, 4)
Servir en el altar es un llamado a estar lo más cerca posible del mayor milagro de nuestra fe: la Sagrada Eucaristía. Los monaguillos asisten al sacerdote y a la asamblea para que la liturgia se desarrolle con la dignidad y belleza que el Señor merece.
Más que realizar tareas prácticas, el servidor del altar presta sus manos, sus pies y su corazón a Cristo, aprendiendo desde temprana edad el valor de la reverencia, el silencio y la adoración.
Preparan y presentan el cáliz, el misal y las vinajeras, asistiendo ágilmente al sacerdote en cada momento de la celebración.
Portan la cruz alta, los ciriales y el incensario en las grandes fiestas, elevando nuestra oración como incienso en la presencia de Dios.
Cuidan de los ornamentos y objetos sagrados de la sacristía con un profundo respeto por lo que representan.
El servidor del altar vive una espiritualidad profundamente eucarística. Antes de revestirse con el alba, prepara su corazón con la oración. Entendemos que nuestra postura, nuestro caminar y nuestra atención en el presbiterio ayudan a toda la parroquia a rezar mejor y a fijar su mirada en Jesús.
Nos reunimos para aprender sobre liturgia, ensayar nuestros movimientos y crecer en la fe.
Si has hecho tu Primera Comunión y deseas estar más cerca de Jesús en cada Eucaristía, el equipo de servidores te espera.
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